Este trabajo fotográfico surge de las actuaciones celebradas en la Escuela de Arte de Mérida durante el "Octubre, mes de la cultura gitana". En ellas he tratado de captar los tiempos muertos, los momentos en que el silencio era más importante que el cante, momentos en los que las miradas se perdián en el interior del cantaor o buscaban la complicidad de la guitarra. Momentos en el que los artistas rebuscaban en sus adentros las emociones necesarias para dar forma y quejío a sus necesidades flamencas.